De Michio Kaku. Drakontos Bolsillo 2009. Traducción de Javier García Sanz.
Uno de los libros de divulgación más entretenidos que he leído. Igual que en su momento me ocurrió con el libro de la nada de John D. Barrow, este libro se lee cual si de una novela se tratase. El libro comienza con un par de experiencias de la infancia del autor que aprovecha como magníficas analogías para ilustrar la posibilidad de la existencia de otras dimensiones a las que no tenemos acceso. Seguidamente hace un poco de historia sobre la aparición de las geometrías de dimensiones superiores, la relación con la teoría de relatividad y los primeros intentos, rápidamente abandonados debido al auge del modelo estándar, de una teoría unificadora enmarcada en este contexto. Personalmente me ha sorprendido en esta parte, centrada en la geometría de dimensiones superiores de Riemann, en el uso que de ella hace Einstein y en la discusión posterior centrada en la importancia unificadora de este enfoque geométrico, la ausencia del nombre de Minkowski. El modelo de espacio tetradimensional de Minkowski aporta la geometría en la cual la teoría especial de Einstein se enmarca y permanece como un caso particular de solución en la teoría general (en ausencia de materia).
Especialmente interesante durante todo el libro es la “dialéctica” entre el modelo estándar (mecánica cuántica + relatividad especial) y la teoría general de la relatividad (relatividad especial + gravedad), como expresiones de lo que el autor denomina teorías de la “madera” y “mármol”. Durante todo el libro subyace la idea de que el uso de un número de dimensiones superior a las 4 acostumbradas, 3 espaciales más 1 temporal, ha permitido por primera vez obtener una formalización matemática o modelo, las supercuerdas, en el que tanto el modelo estándar como la gravedad están incluidos de manera consistente. Si ya Einstein en su día nos mostró que la atracción gravitatoria entre los cuerpos no es consecuencia de una fuerza desconocida que los atrae sino consecuencia inevitable de la geometría curvada del espacio tiempo, Michio nos sugiere ahora que todas las propiedades del universo son consecuencia de la geometría de un espacio que en su origen tenía 10 dimensiones y que se disgregó en 4+6 apenas unos instantes tras el bigbang. Estas 6 dimensiones extra estarían hoy compactadas a escala de Plank (cien trillones de veces menor que el protón) La idea es fascinante y bella, quedan pendientes, eso sí, los “pequeños detalles” de nuestra incapacidad actual tanto para su resolución matemática como para su contraste empírico.
Respecto a la complejidad de la resolución matemática y al porqué del número concreto de dimensiones (10) el autor dedica unas páginas al probablemente uno de los más grandes y, sin duda el más, misterioso matemático de la historia, Srinivasa Ramanujan, cuyas funciones modulares generan el factor 10 necesario para la autoconsistencia del modelo de supercuerdas.
domingo, 26 de julio de 2009
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